
Pandilla, desde hace poco me hago preguntas sobre la vida diaria de los superhéroes, si a Batman le huelen los pies, si a la Cosa le salen hongos, o si a Spiderman le sudan las manos… Lo digo, porque la otra noche me dio por pasear por la Plaza de España, cuando menos lo esperaba, surgió de la nada, más envenenado que el casero del fugitivo, un flipado en plan gladiador, con espada corta en ristre, dispuesto a dejarme menos cuello que una lata de cocacola. Se decía llamar “Lucus Gladiator” y es que, con esto del Arde Lucus, hay alguno que lo vive más que el Tito en el entierro del Chanquete. Como estamos a finales de junio y parece que por fin se acerca el calor, empecé a sudar como un pollo con mi uniforme de piel y franela, claro, en invierno estoy más conjuntado que el armario de Arturo Fernández, pero ahora… Así que, viendo que llevaba las de perder, le grité que yo no era su verdadero enemigo, que lo era el emperador César Orozcum y que se cobijaba en el Ayuntamiento, tan trastornado estaba el tipo que comenzó a correr hacia el edificio mientras yo fingía que le seguía, le di cierta ventaja y me fui en dirección contraria, con todo mi atuendo empapado, tengo que diseñar un nuevo uniforme para el veranito. Porque con este me muevo más lento ahora que Fraga en una fiesta de Electro. Ya sé, que todo esto no dice mucho a mi favor, pero ¿Qué hubieseis hecho vosotros?